En distintos puntos del país, los estudiantes regresaron a las aulas para tomar clases y esa decisión adoptada por algunos gobernadores volvió a tensar las relaciones de sus jurisdicciones con el Gobierno nacional. El presidente, Alberto Fernández, no ocultó su malestar y en una entrevista radial manifestó que esa decisión significa “jugar con fuego” y como consecuencia de eso se “va a quemar a la gente, a los argentinos y a las argentinas de esos lugares”.

La ciudad de Buenos Aires fue la primera en desafiar los lineamientos de Nación. Córdoba, Mendoza y Salta se sumaron a esta tendencia desoyendo los índices sanitarios y la creciente curva de contagios provocada por la pandemia. Sin intenciones de polemizar con Nación, el ministro de Educación de Córdoba, Walter Grahovac, destacó la “responsabilidad” del gobierno local para que “los servicios del Estado le lleguen a la sociedad”. “Somos una provincia responsable, que acompaña al gobierno nacional pero representa los intereses de Córdoba y conocemos a nuestra sociedad”, agregó. En el caso de la provincia cuyana, el gobernador Rodolfo Suárez no cuestionó los dichos del mandatario, pero ya adelantó un nuevo enfrentamiento porque no está de acuerdo con un nuevo confinamiento durante el próximo fin de semana. “Dijimos que íbamos a estar en confinamiento nueve días y cumplimos. Pero el fin de semana volver a un confinamiento es perjudicar a muchos sectores”, argumentó.

Provincias como Jujuy, Tierra del Fuego, Chubut y Misiones también retomaron la presencialidad, pero en estos casos se ajustaron a los criterios epidemiológicos.

En medio de este contexto, el Ministerio de Educación de Nación detalló que los consensos habían priorizado mantener la presencialidad en zonas de bajo, medio y alto riesgo, mientras se mantenía la suspensión en territorios calificados de alarma epidemiológica. “Suspender la presencialidad no implica suspender la escolarización”, enfatizó el ministro Nicolás Trotta.